-Yo creo que me voy a ir…
Y así empezó todo. Bajó la mirada un poco, la concentró en el primer párrafo de un juego de pruebas sobre la mesa; la perdió más allá de la ventana enorme del despacho de la editorial, desde donde un señor que no era dios los observaba desde el cielo mientras aprovechaba para limpiarles los cristales. Su compañero se asustó, recapacitó y finalmente se alegró por ella. Después se la merendaron en las alturas. Así fue como se fue.
-Si mañana vengo sin afeitar, chicos…
Y al día siguiente llegó a la oficina con los párpados hinchados, la comida sin preparar, el pelo rizado. En el cuarto de baño se encontró con su secretaria, y al tienes mala cara, ¿estás resfriada? de ésta contestó con un sollozo ahogado, con un algo que debió de rimar con es que anoche, en la cocina, acababa de tender, me despedí una a una de cada una de sus prendas, ¿seguro que no estás resfriada? y las besé incluso, en el patio, llegué a oler las que estaban sin lavar, lo siento, amor, he hecho una tontería, ¿no quieres un pañuelo? y muchos gritos, y muchas lágrimas, y muchos nervios y tres ¿por qué? y un yo ya no puedo, es que he dejado a mi novio. Y así fue como se fue.
- Entonces ¿me voy?
Y meter todos los libros en dos maletas con ayuda de su vecina Silvia y que se rompiera una, y apagar la televisión para siempre dos días después del once de septiembre y de su madre llorando delante de la pantalla de humo. Y buscar un piso en una ciudad en donde las calles no se acabasen nunca, y que la maleta se rompiera por culpa de Octavio Paz, por culpa de una antología que pesaba demasiado. Y cerrar su habitación y dejar su cama para empezar a acostarse, durante muchos años, sobre un colchón en el suelo, o tres, cuatro, colchones que volaron todos; y volver de vacaciones, en abril, volver por amor, por pena, por necesidad de sol, por la tele, por pocos días, irse quizás para siempre, el caso es que se fue.
- Entonces ¿me voy?
Y meter todos los libros en dos maletas con ayuda de su vecina Silvia y que se rompiera una, y apagar la televisión para siempre dos días después del once de septiembre y de su madre llorando delante de la pantalla de humo. Y buscar un piso en una ciudad en donde las calles no se acabasen nunca, y que la maleta se rompiera por culpa de Octavio Paz, por culpa de una antología que pesaba demasiado. Y cerrar su habitación y dejar su cama para empezar a acostarse, durante muchos años, sobre un colchón en el suelo, o tres, cuatro, colchones que volaron todos; y volver de vacaciones, en abril, volver por amor, por pena, por necesidad de sol, por la tele, por pocos días, irse quizás para siempre, el caso es que se fue.
- Este año no vuelvo…
Y de nada sirvieron siete años, diez, recorriendo con los dedos teclas blancas y negras a la derecha y a la izquierda; cuarenta ejercicios de Czerny, dos sonatas de Beethoven, las fugas de Bach, la Suite Bergamasque, dos años de armonía, las matemáticas aplicadas a cinco líneas paralelas, el temblor de las dos manos antes y durante las clases, los aplausos de los clientes del hostal de enfrente cuando tocaba con el balcón abierto, el Ritmo y lectura, su madre y su padre asomados sin que se diera cuenta, justo a un lado de la puerta, un último profesor al que ni siquiera preguntó si lo entendía. Así fue como se fue.
- Ya no te quiero…
Y atrás quedaron diez años de Jesusito de mi vida, una comunión casi no hecha, ocho años en un colegio de monjas, cuatro misas en la playa moviendo los labios para que no se notara durante el Cordero de Dios, sentada al lado de su abuela. De nada sirvió que hiciera falta agarrarse a algo, o que quizás nada fuera jamás a significar algo; de nada sirvió un ruego del que casi no se ha atrevido a escribir nunca; un posible miedo al qué pasará cuando acabe, después de que ya no nos puedan pasar más cosas; un creciente pánico a los aviones; un enfadarse con alguien que se supone que no existe; aun en esos momentos no sirvió de nada. Ya se había ido.
5 comentarios:
Tienes una errata, Lui; en el último párrafo, la segunda palabra debería ser "dentro".
Yo creo que eso resume mi opinión sobre estas situaciones. Como soy un becerro optimista al final siempre recuerdo sonriente. Aunque a lo mejor ha sido suerte, no sé.
En cualquier caso qué bonito te ha quedado, y que tremendas ganas me dejas de escuchar Anathema, hum:
http://www.goear.com/listen.php?v=80de0bd
Nadie canta la pena como Anathema, ah.
La madre de Czerny se podría haber quedado soltera, por el bien de la salud mental de muchos niños, entre los cuales me incluyo. Y la de Beyer, y la de Wird... A bartok y a Shostakovich los salvo por haber compuesto joyas, cosa que no puedo decir de los otros tres cabrones.
A mí, las matemáticas sólo me gustaban los martes y los jueves de siete a nueve, cuando me sentaba delante del samick de mi profesor. Aún toco de vez en cuando, ¿tú?
Tengo una amiga que acaba de volver de Montreal, y me contó que hay un monumento que se ve desde gran parte de la ciudad. Una cruz de neón. ¿Será por eso el título del segundo disco? ¿O por la novela de Kennedy Toole?
Qué gusto leerte.
sospecho que has llorado escribiendo esto
un beso, tq
santi
Muy bonito, vraiment.
Yo tenia una profesora de piano que me cerraba la tapa del piano en los dedos cuando me atrevia a mirarlos mientras yo tocaba. No entendia porque no se podia mirarse los dedos cuando uno toca. Asi que lo dejé rapido y decidi aprenderme la musica solico. A caso lo mas bonito del piano no es ver a los dedos correr en las teclas? Y cuando años despues vi a Herbie Hancock, lo tenia a dos metros, y creenme: no hacia mas que mirarse los dedos, en serio.
Ahora soy pesimo, pianisticamente hablando, pero sigo mirandome los dedos y me basta de sobra.
Saludos!
David:
ya, es que me ha quedado como muy preocupante, pero la verdad es que tuve que hacer un esfuerzo mental considerable para recordar esa serie de cosas dejadas inacabadas. No había tantas. Y no me arrepiento tampoco, soy un poco como tú. (En el fondo lo que creo que me pasaba era que quería colar aquí la canción de Arcade Fire y no sabía cómo).
Ruidoperro:
qué gracia, te leo a ti y luego abajo, a mi amigo Fabian, y resulta que hemos pasado los tres por el mismo calvario. Que en mi caso, al menos, duró diez años!!! Bueno, a veces sí que se disfrutaba.
Me gusta mucho la imagen de la cruz de neón, la he buscado en google pero no la encuentro. Y no, ya casi no toco..
Santi:
hola querido, qué va, que no he llorado, hombre... no os quería preocupar. Como le explicaba a David, necesitaba colaros la canción de alguna manera :-). Un besazo, qué alegría me da cuando pasas por aquí!!!
Fabian:
qué salvaje, tu profesora... Además, si lo que ellos prefieren es que aprendamos a tocar de memoria. Creo que esta mujer no tenía mucha idea... Por otro lado, yo nunca he aprendido a tocar de memoria. Lo que sí he conseguido es mecanografiar sin mirarme las manos. Algo es algo.(¡)
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