lunes, 29 de septiembre de 2008

Un lugar sagrado


Lo bueno de salir de viaje temprano por la mñana, se dice, es escuchar lo ilusionado que baja Ludo las escaleras pensando en el donut de chocolate que va a desayunar en David. El café con leche y donut en el mejor bar del mundo se han convertido en una institución cada vez que, por lo que sea, salen de casa los dos temprano, a la misma vez. En esta ocasión Ludo baja sólo para acompañarla porque en una hora ella se marcha al país de las abejas, las alpargatas, los menires y la poción mágica.

Lui Lu, esta mañana, no sabe muy bien cómo se encuentra. En Chamartín le temblaba la mano derecha. Sabe que no podrá subir esto al blog hasta por lo menos el lunes, lo está poniendo por escrito en un tren en el que viaja del revés.

“J’y serai”, decía su primo en el último mail. Y también que estaba preocupado por ella, que no sabía nada desde hacía cinco días y que él, de todas formas, estaría esperándola en Irún, que ya vería, que en octubre, en su pueblo, no hay abejas.

Mentalmente, Lui Lu se ha colocado ya en el domingo desde hace tres días. Se imagina en el autobús de vuelta, borracha de lo vivido y escuchando en bucle esa canción de Mikah P. Hinson que sólo repite “don’t you forget” seguido de “about me”; con un “et quand est ce que on va se revoir?” en el cielo del paladar, virgen, porque cree que no alcanzará a decirlo, con un beso rápido, con un comienzo de dolor de cabeza y preguntánsoe cómo será recibir que des messages dentro de una botella. Pero eso es otra historia. Y, quiera ella o no, aún es viernes.

Lui Lu se resiste, se pone Don’t you forget en bucle y se adelanta, como siempre, a todos los acontecimientos importantes de su vida. Por la ventana pasan el cielo y los campos y un viejo trabajando la tierra detrás de una única línea de girasoles en fila.

Poco a poco el cielo va llenándose de nubes, mira el billete de nuevo, y un j'arrive à 5 h pensado en francés, y un cartel en la autopista que pasa por encima señalando Burgos y un nudo o dos en la boca del estómago; justo detrás de donde está el ombligo; un encogimiento de esos de la expectativa, del cómo pasará todo, del estará esperándome en el andén –j’y serai- o llegaré yo primero y seré incómodamente consciente de cada expresión que experimente mi rostro, de cada línea que se dibuje sobre mi frente, como sabiéndome en cualquier momento, inminentemente, observada. Y un frío que no es frío, t’as pris le bonnet?, que se burlaba Ludo en el bar de David esta mañana después del donut; que es puro nerviosismo.

Lui Lu escribe todo esto haciendo de vez en cuando alguna pausa para mirar por la ventana, como si el paisaje la ayudase a encontrar la palabra precisa, procurando olvidarse de la presión que le tira desde la parte central de su cuerpo y de la que, ella lo sabe, son responsables dos nudos nuevos, cuatro, veintiocho, de esos que envuelven todos los reencuentros que suceden al momento irrepetible en el que dos personas se conocen: ça va?, oui, ça va, t’es pas fatigué? Non, ça va, y que sólo van a volverse a dar si las dos opinan que el primero mereció la pena.

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Existe un lugar, abajo de una montaña, llamado Mendita. En su imaginación es un lugar pequeño y poblado de menires. Se come jabalí. Cuando llega por primera vez comprueba que no hay menires, sino ermitas en la cima de las colinas; que en vez de un primo tiene tres; que una brocheta de corazón de pato regada con vino haría cantar de felicidad a cualquiera, aun a riesgo de acabar atado a un árbol lejano.

Existe una antigua palabra vasca para “lugar sagrado” que se aproxima reveladoramente a su nombre de familia, que es en francés el apellido. Existe una estación de autobuses en Irún donde ahora sabe que puede ir a recogerla un primo que quizás no sea primo pero que también existe, ahora sabe que esas cosas pasan. Que existe de verdad y que, cuando la encuentra en la cafetería, le da dos besos de esos que uno siempre da sin saber muy bien cómo cada vez que hay un reencuentro porque conocerse mereció la pena.

Existe un café con leche, ne t’inquiettes pas, je t’attends à la gare, en prenant un café, un día de sol, una tarde en Bayona, mi hermano está deseando conocerte: il y a mon frère, qui... Y un hermano profesor de euskera enamorado de una mujer preciosa a la que, j’aimarais bien, si le preguntan, contesta que le encantaría llevar algún día el mismo apellido que el de su novio. Que es también el de Lui Lu.

Lui Lu hace ahora repaso de todo en el autobús, el temido domingo del regreso. Ése en el que, se había imaginado ya a la ida, volvería con todos los nudos deshechos, con el Don’t you forget de Mikah P. Hinson sonando en bucle, marcándole el ritmo al paisaje, echando de menos el ruido que hace el viento cuando toca música con las hojas de los árboles, c’est quoi ça? C’est le vent, avec les feuilles, y se escucha por la noche dentro de la habitación de su primo.

Sin embargo, cuando el autobús se ha puesto en marcha y ha vuelto a pasar por la esquina donde su primo había dejado el coche para acompañarla a la estación, al comprobar con cierto sentimiento cercano a la injusticia que el Peugeot gris ya no estaba, ha subido el volumen del ipod y se ha repetido a sí misma que se va feliz, que si dos horas antes, por el camino, se le han llenado los ojos de lágrimas mirando por la ventanilla, comment ça s'appelle, quand on voit las vigas de madera pintadas de rojo afuera de las casas? ha sido porque ha pensado en su padre, que nunca se llamó T., sino Alejandro; que nunca supo que, quizás, su apellido significaba algo cercano a “lugar sagrado” y que el lunes, cuando ponga todo esto por escrito, hará precisamente, ocho años que no está.

J’adore être une Asterix, le escribe Lui Lu a su primo cuando llega a Madrid. Eso y que aquí las calles son anchas, están llenas de luces y el viento ne joue pas de la musique avec les feuilles des arbres. No le dice que se va feliz porque sabe que van a volver a verse, tu sais que tu peux revenir quand tu veux. Toi aussi. Si? Y ella le asegura que sí. Que le gustaría. Beaucoup.

Horas antes, al despedirse, a Lui Lu se le ha caído la chaqueta al suelo de la estación, ahora se acuerda, dentro del taxi que la lleva a casa. Se acuerda de su primo advirtiéndole de que no se le dan bien las despedidas, y de ella, que lleva temiéndola desde el viernes, desmontando su premonición con un abrazo para que a él, así, no le vuelva a dar vergüenza. Y cuídate ese resfriado, comment? Ton rhume!, que le acaba de pegar, y de verdad que todo ha sido perfecto, que le ha encantado conocer a sus hermanos, que vuelve feliz, que se me ha caído la chaqueta, y una chaqueta en el suelo, paciente y cómplice de muchos besos.

Cualquier amable conductor de ALSA, expertos en despedidas, podría adelantar lo que vendría después: un abrazo último que termina en un último contacto de las manos, adiós no, decimos “hasta luego”, que le enseña ella en español, 5 sonrisas camino de la salida correspondidas desde la escalera del autobús y una pasajera triste haciendo un gran esfuerzo por repetirse a sí misma que en realidad se va contenta mientras, tras arrancar el autobús y doblar la esquina, se queda mirando por la ventanilla el hueco donde 10 minutos antes aún permanecía aparcado el coche en el que la trajeron a la estación.

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Existe algo que hace que todo sea como es. Lui Lu se pregunta hoy si no será por eso que algún día aprendió a hablar francés. Si no tendrá todo algún tipo de sentido. Pero se dice que no, que no puede ser. Antes de poner esto por escrito ha enviado una carta a sus verdaderos primos, a los hijos del hermano de su padre con los que casi nunca habla, contándoles lo que acaba de descubrir. Que quizás la ele más la u más la c más otra u seguido todo de una i latina y una equis signifique algo así como "lugar sagrado" y venga de un lugar precioso que desde hoy, y gracias a una persona maravillosa, existe también para ellos, abajo de una montaña.

Después se toma dos ilvicos más y se va a la cama. Tiene que llamar a su madre.

11 comentarios:

agnès dijo...

"un lugar sagrado"... no me sorprende de nada.

Lui Lu dijo...

merci, guapa

NáN dijo...

Las casualidades recomponen los trazos físicamente deshechos. Las vibraciones se restauran. Y ya puedes vivir la vida de los fantasmas sin las interrupciones baratas de la vida cotidiana.

Cuantas más conexiones, más sentido.
Te felicito.

NáN dijo...

También se puede decir de otra manera: las alfombras son más caras cuanto más hilos tramados tienen por centímetro cuadrado.

Ah, también yo provengo de por ahí de La France. De un napoleónico que traicionó a su país por una mujer.

carmen dijo...

Que nos pasen cosas no depende sólo de los lugares sagrados, ni del alsa, ni de que sea otoño. Depende sobre todo de cómo elijamos contarlas. Aunque es importante ser valiente y subirse al alsa a pesar del domingo que viene. Pienso mucho en "los domingos que vienen" y me pasan pocas cosas todavía. Pero eso se cura, verdad?

fabian dijo...

Hola guapa, pues ça s'appelle des colombages, "quand on voit las vigas de madera pintadas de rojo afuera de las casas".:)

"Existe algo que hace que todo sea como es", tu crees? A veces opino lo mismo, y me pregunto si es por eso que todo parece tan complicado, para que al final le encontremos una razon?...
Esto, o el caos.
Who knows?

Visita a Madrid prevista dentro de poco... Te mando un mail.

Lui Lu dijo...

Nán:
qué bella esa primera frase, y qué triste: "los trazos físicamente deshechos..." Voy a seguir dándole vueltas... En realidad voy a darle vueltas también a lo de vivir la vida de los fantasmas sin las interrupciones que impone la vida cotidiana... Es todo hermoso.

Carmen:
no brain no heart. Pero si pones heart y al brain lo sacas fuera y lo adelantas a todo y vas por delante de ti, como Breton, al final pasa lo que pasa, que el heart se te queda desprotegido. Y eso... ¿se cura? En realidad yo nunca he llegado a entender esa máxima vuestra. Lo mío suele ser siempre nada de brain y mucho de heart. Qué lío más grande!!

Fabian:

des colombages... claro. Merci.

"Si no tendrá todo algún tipo de sentido"? Bueno, Lui Lu se dice luego que no y después se toma dos ilvicos y se va a la cama. Ojalá lo supieramos, no? Quizás al final, cuando todas las piezas encajen, estemos ya tan al final que no nos acordemos de estas dudas.

Et alors, votre 'tite famillie?

PS: le 18 je serai à Sicilia.

robasueños dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
carmen dijo...

La máxima es de Ludo. Yo creo que a veces demasiado heart, otras demasiado brain. Creo que nunca los dos a la vez. Y por eso inténtabamos hacernos con la frasecita... Y ahora que lo pienso, prefiero que duela, a que no pase nada. Prefiero poner todo el brain y todo el corazón. Lo otro se parece a morirse, supongo.

amor en libertad dijo...

hermoso significado para el apellido de alguien que me quiere

un beso

Lui Lu dijo...

Santi:
no es seguro... a mí me gusta pensar que viene de ahí. Quién sabe...
Un beso a ti también.


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