Los individuos que abandonan el estudio antes de su conclusión, los llamados
“perdidos de vista”, pueden alterar los resultados. Véase capítulo 3 (página
20).
Leo lo anterior en el libro que estoy corrigiendo esta semana, que he vuelto a los libros de medicina por unos días, y no puedo menos que abandonar la corrección y zambullirme en un delirio de carpetas del almas, de listas de la compra personales y estudios de vida imposibles de acabar. Llevaba varios días abriendo entradas nuevas y cerrándolas sin publicar. Incluso intenté hacer algo más con lo último que me dio por escribir en el tren de vuelta a Madird del miércoles pasado, algo sobre la gente que se pelea por teléfono y mi falta de resistencia a tales escenas desagradables y sobre los trenes y los árboles y el campo y las flores, pero una vez llevado al digital me pareció una porquería, así que ahí lo tengo, en una carpeta en el escritorio que pone “textos” y que de vez en cuando abro, rebusco dentro, pienso que quizás sí, después que definitivamente no, y acabo perdiendo de vista.
El capítulo 3 del libro que estoy corrigiendo habla de estudios de cohorte, que son unos estudios médicos de epidemiología, y yo no sé nada de esto, pero no importa, porque sólo me tengo que encargar de que el texto esté bien redactado y las preguntas se ajusten a las respuestas y el esquema de cada una sea exactamente el mismo. No es una novela de Jack London, pero a veces me relaja descansar el intelecto y leer sin tener que preocuparme de si la primera vez que el náufrago aparece relatando cómo construye la cabaña del árbol está utilizando una navaja, la única que salvó del desastre, y en cambio en el último capítulo el traductor ha cambiado el nombre del utensilio por el de cuchillo. ¿Error de traducción? ¿Hay que comprobarlo? ¿Falta de racord del señor London? En el último caso se deja tal cual. Y que le den al racord.
El capítulo 3 del libro que estoy corrigiendo no habla de aquellos individuos que se nos quedan a la mitad en nuestros estudios de vida, que se nos pierden de vista antes de que podamos completar sus informes o besarlos o incluirlos en la carpeta "amigos" del escritorio del alma.
Imaginemos que una tarde, una persona a la que hemos empezado a estudiar (nos sabemos el lunar que tiene debajo de la oreja izquierda, que coge el bolígrafo fatal y tiene una pequeña deformación en el dedo corazón, que le gusta el café de manera peligrosa, que fuma entre, por ejemplo, clase y clase, que su hermana pequeña viene a recogerla algunas veces a la salida del curso y que nos estamos enamorando de esa forma inconsciente de la que uno se enamora de alguien que no conoce) nos dirige la palabra y acabamos tomando dos cafés con ella, compartiendo un paquete de cigarrillos y quedando para un cine, un día, un jueves, por ejemplo, y por la tarde.
Imaginemos que es jueves. Que en casa uno saca del armario cinco camisetas y se prueba una detrás de la otra y después acaba decidiéndose por la primera que se probó. Imaginemos que del lunes por la tarde a ese día ha tenido lugar una lenta agonía deliciosa. Imaginemos que la película es perfecta para la ocasión, que la chica llega puntual –es una chica la del lunar debajo de la oreja izquierda y la hermana y el café, tu compañera del curso- y que la distinguimos acercándose desde el final de la calle, con el pelo suelto, que le queda muy bien, con el ipod puesto, con vaqueros, sin sonreírte hasta que no se acerca, ¿qué estabas escuchando? Te contesta que a Grandaddy, le dices no sé qué sin entusiasmo y la dejas pasar, que ella es la chica y tú un caballero y faltan dos minutos para que empiece la película.
Imaginemos que se repite algo parecido un par de veces más. Que un día te armas de valor y le das un beso. Una noche, frente a un cuenco con cacahuetes y su Brugal con cocacola. Que no te sonríe hasta que no te la quedas mirando. Que es preciosa. Después te encantará su casa y sus libros y su camisón de lunares, aunque no se lo ves hasta por la mañana, cuando se lo pone para salir de la habitación, que es viernes y los dos tenéis que ir a trabajar. ¿Nos vemos mañana?
El capítulo 3 del libro que estoy corrigiendo explica muy bien lo que pasa después. La chica responde “hablamos”, tú la llamas el sábado, la camiseta te huele a humo y a lunares, no te la has querido quitar, y en tu estudio personal has apuntado, dentro del alma o donde se apunten esas cosas, como afirmación correcta para la pregunta número 1 ("¿a qué huele esta persona?") la casilla de la C: “lunares. Huele a lunares”. También has apuntado que cuando se ríe se le ven los dientes y que no tiene unos dientes perfectos. Que se depila las cejas como tu novia anterior; que no se pinta nunca. En su habitación tres fotos, un montón de zapatos y un armario pequeño en una esquina. Su compañero de piso ronca, lo apuntaste, y el gato, por la noche, se os intentó colar en el cuarto. Desayuna cereales y no le gusta hablar por las mañanas. Has marcado todo eso en una hoja de papel que llevas dentro de la carpeta "relaciones personales", rellenando con una equis los cuadraditos de las respuestas correctas. No sabes en qué trabaja su padre aún. Te faltan la 3, la 17, la 26 y de ahí todas las demás que siguen. Pero tienes la 1 y la 2; de la 4 a la 15; dudas en la 18, ya no recuerdas si te dijo que llevaba dos años viviendo en el mismo piso o si eso es algo que soñaste en su habitación, que es verde, anotas en la 27, que tiene las paredes verdes. Y así a su vez, completas, de la 19 a la 25.
Al final del capítulo 3 nos enteramos de que las casillas que la chica ha debido de marcar en su lista de preguntas personal no han coincidido con las tuyas. La A y la B eran correctas ambas. La D no era verdad. Y, en la 18, era la C la que debiste haber marcado: azul marino. Siempre fuiste un poco daltónico. El sábado lo pasas viendo vídeos de youtube con tu amigo Sebas en el sofá de tu casa. Como no te gusta dejar los estudios a la mitad, vuelves a intentarlo la semana siguiente, pero por el curso ya no aparece la chica de los lunares, y al cine no quiere acompañarte más.
Dos meses más tarde la ves saliendo de un café. Está fumando y lleva el pelo recogido en una cola. Como el recuerdo es tan extraño y esa pregunta te la aprendiste tan bien, el aire te trae un olor que reconoces de lunares. Una mujer que pasa con un carrito de niño te la tapa por un momento. Se cruza con una pareja de viejos. Espera el semáforo, saca un pañuelo del bolso y se rasca la rodilla derecha. Que tiene un lunar detrás, que tú lo sabes. Porque la C y la A estaban bien las dos, de eso nunca dudaste: pregunta número 4: ¿de las siguientes afirmaciones cuál es verdadera?:
Imaginemos que es jueves. Que en casa uno saca del armario cinco camisetas y se prueba una detrás de la otra y después acaba decidiéndose por la primera que se probó. Imaginemos que del lunes por la tarde a ese día ha tenido lugar una lenta agonía deliciosa. Imaginemos que la película es perfecta para la ocasión, que la chica llega puntual –es una chica la del lunar debajo de la oreja izquierda y la hermana y el café, tu compañera del curso- y que la distinguimos acercándose desde el final de la calle, con el pelo suelto, que le queda muy bien, con el ipod puesto, con vaqueros, sin sonreírte hasta que no se acerca, ¿qué estabas escuchando? Te contesta que a Grandaddy, le dices no sé qué sin entusiasmo y la dejas pasar, que ella es la chica y tú un caballero y faltan dos minutos para que empiece la película.
Imaginemos que se repite algo parecido un par de veces más. Que un día te armas de valor y le das un beso. Una noche, frente a un cuenco con cacahuetes y su Brugal con cocacola. Que no te sonríe hasta que no te la quedas mirando. Que es preciosa. Después te encantará su casa y sus libros y su camisón de lunares, aunque no se lo ves hasta por la mañana, cuando se lo pone para salir de la habitación, que es viernes y los dos tenéis que ir a trabajar. ¿Nos vemos mañana?
El capítulo 3 del libro que estoy corrigiendo explica muy bien lo que pasa después. La chica responde “hablamos”, tú la llamas el sábado, la camiseta te huele a humo y a lunares, no te la has querido quitar, y en tu estudio personal has apuntado, dentro del alma o donde se apunten esas cosas, como afirmación correcta para la pregunta número 1 ("¿a qué huele esta persona?") la casilla de la C: “lunares. Huele a lunares”. También has apuntado que cuando se ríe se le ven los dientes y que no tiene unos dientes perfectos. Que se depila las cejas como tu novia anterior; que no se pinta nunca. En su habitación tres fotos, un montón de zapatos y un armario pequeño en una esquina. Su compañero de piso ronca, lo apuntaste, y el gato, por la noche, se os intentó colar en el cuarto. Desayuna cereales y no le gusta hablar por las mañanas. Has marcado todo eso en una hoja de papel que llevas dentro de la carpeta "relaciones personales", rellenando con una equis los cuadraditos de las respuestas correctas. No sabes en qué trabaja su padre aún. Te faltan la 3, la 17, la 26 y de ahí todas las demás que siguen. Pero tienes la 1 y la 2; de la 4 a la 15; dudas en la 18, ya no recuerdas si te dijo que llevaba dos años viviendo en el mismo piso o si eso es algo que soñaste en su habitación, que es verde, anotas en la 27, que tiene las paredes verdes. Y así a su vez, completas, de la 19 a la 25.
Al final del capítulo 3 nos enteramos de que las casillas que la chica ha debido de marcar en su lista de preguntas personal no han coincidido con las tuyas. La A y la B eran correctas ambas. La D no era verdad. Y, en la 18, era la C la que debiste haber marcado: azul marino. Siempre fuiste un poco daltónico. El sábado lo pasas viendo vídeos de youtube con tu amigo Sebas en el sofá de tu casa. Como no te gusta dejar los estudios a la mitad, vuelves a intentarlo la semana siguiente, pero por el curso ya no aparece la chica de los lunares, y al cine no quiere acompañarte más.
Dos meses más tarde la ves saliendo de un café. Está fumando y lleva el pelo recogido en una cola. Como el recuerdo es tan extraño y esa pregunta te la aprendiste tan bien, el aire te trae un olor que reconoces de lunares. Una mujer que pasa con un carrito de niño te la tapa por un momento. Se cruza con una pareja de viejos. Espera el semáforo, saca un pañuelo del bolso y se rasca la rodilla derecha. Que tiene un lunar detrás, que tú lo sabes. Porque la C y la A estaban bien las dos, de eso nunca dudaste: pregunta número 4: ¿de las siguientes afirmaciones cuál es verdadera?:
A-. tiene un lunar detrás de la rodilla derecha
B-. tiene un lunar delante de la rodilla derecha
C-. es la chica más bonita del mundo
D-. la C y la A son verdaderas
El semáforo cambia a verde, la chica cruza, todos sus lunares cruzan con ella, y tú la pierdes de vista. No la sigues, no hubiera estado bien. Te vas a casa, desenrollas la hoja de papel que llevabas por dentro, la del archivo de los estudios de vida, y a la que habías conseguido no volver desde hacía dos meses, carpeta "relaciones personales", y tratas de terminar el informe. El estudio perfecto habría necesitado de la resolución correcta del número infinito de preguntas que tienes ahora mismo extendidas ante ti, y aunque te sientes tentado de llamarla, esta tarde te he visto, salías de un bar de la calle Barquillo, y aunque casi te atreves a rellenar la 35: ¿por qué no quisiste verme más?
B-. tiene un lunar delante de la rodilla derecha
C-. es la chica más bonita del mundo
D-. la C y la A son verdaderas
El semáforo cambia a verde, la chica cruza, todos sus lunares cruzan con ella, y tú la pierdes de vista. No la sigues, no hubiera estado bien. Te vas a casa, desenrollas la hoja de papel que llevabas por dentro, la del archivo de los estudios de vida, y a la que habías conseguido no volver desde hacía dos meses, carpeta "relaciones personales", y tratas de terminar el informe. El estudio perfecto habría necesitado de la resolución correcta del número infinito de preguntas que tienes ahora mismo extendidas ante ti, y aunque te sientes tentado de llamarla, esta tarde te he visto, salías de un bar de la calle Barquillo, y aunque casi te atreves a rellenar la 35: ¿por qué no quisiste verme más?
A-. soy daltónico
B-. tu novio misionero ha vuelto de Sierra Leona
C-. estás gravemente enferma y no quieres que sufra contigo
D-. ninguna de las respuestas es verdadera
sabes que debes arrastrar su documento a la carpeta de “perdidos de vista” y que cualquier elucubración alteraría el resultado.
10 comentarios:
Tu entrada me ha recordado la canción de Pasión Vega titulada "Lunares".
Esa idea de arastrar documentos de una carpeta a otra, me ha llegado al alma, porque precisamente, en el alma, se dan toda suerte de traspasos sentimentales. Acaba una teniendo subcarpetas de varios colores, archivos, mega-archivos, documentos repetidos hasta la saciedad...o compartimentos vacíos.
Un abrazo
Es lo más bonito que he leído en mucho tiempo. ¿Cuántas veces te he dicho ya que admiro tu forma de escribir?
A sus pies, madame
Me ha encantado.
Un saludo, de nuevo.
Hmmm, las historias que no salen, ese sabor a lluvia y a cartón mojado y a flor en cubo de basura...
Hmmm, a mí también me ha recordado una canción. Claro que qué no.
Mery:
no conozco "lunares"... la escucharé. Creo que me paso la vida arrastrando archivos de un lado a otro... Lo más importante es acordarse de tirar a la papelera de reciclaje las carpetas vacías.
Claro que no sirve de nada si luego no vacías de vez en cuando la papelera de reciclaje.
También creo que paso demasiadas horas delante del órdenador. Por favor, que alguien me obligue a comprarme una tele.
Jose: ¿cuántas veces te he dicho gracias? Gracias, gracias!! me alegro mucho de que te guste. Y de no tener tele, en realidad, y dedicarle más tiempo a encontrar "literatura" en donde no la hay. Vivan los manuales de medicina.
Portorosa:
gracias por pasar. A mí también me parecía muy interesante tu blog y llevaba tiempo queriendo dejarte un comentario. Ya curiosearé más. Me alegro de que te haya gustado y bienvenido!!
David:
me vas a matar, pero hay a su vez otra canción que dice: "no soporto a las niñas que todas las canciones les recuerdan aaalgooo"... y digo que me vas a matar porque era de los hombres g. Pero pertenece al cancionero (quería decir imaginario) colectivo de nuestra (deduzco misma) generación. Así que lo siento y te lo comento.
A todos gracias por pasar. Hoy he tenido un día muy raro: se me han caído varios trabajos de golpe (en realidad no se me han caído, me los han quitado, léase me han hecho una faena tremenda que ya me temía que acabaría por llegar). He perdido mi paraguas favorito. He sacado una carpeta de un archivo que no debía y sé que me acabaré arrepintiendo... pero cuando he llegado a casa me he encontrado una carta de la Stasi concediéndome la ayuda al desempleo para los autónomos. Quería contarlo, por celebrar, pero no podía hacer un post para esto.
Gudnait.
Personalmente, creo que no puede empezar nada bueno tras una ingestión de cacahuetes.
Debería haber otra pregunta en ese test:
¿Qué deglutieron antes de proceder al acto?
a) cocina casera
b) unas tapas
c) carne humana
d) cacahuetes
Si usted contesta la d), vuelva a empezar.
Hombre, nosurrender, ¡¡antes del brugal estuvieron cenando!! Picaron algo, tampoco cenaron mucho. Ella pidió un salmorejo y el una tosta de brie con miel y romero. Compartieron media de croquetas de bacalao.
Y aún así... nada.
Ah, el vino era de Toro.
Llego hasta aquí por una recomendación, y seguro que volveré. Me ha gustado mucho.
Por cierto, hay una canción preciosa de Amelia Muge, "O pastorinho", que habla de un colchón volador. Os la recomiendo, también.
Saludos.
Anonymus:
Gracias, qué misterio de recomendaciones e identidades. Voy a buscar la canción del colchón volador en youtube... Bienvenida/o!
No la encontrarás (creo, porque yo la he buscado y... nada de nada), pero puedes escucharla aquí:
http://www.imeem.com/meninalice/music/BhElKlOb/amelia_muge_o_pastorinho/
Soy anónima (pensé que había firmado), así que parte del misterio queda desvelado.
Saludos.
Marta.
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