casualidad.
(De casual).
1. f. Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.
azar.
(Del ár. hisp. *azzahr, y este del ár. zahr, dado, literalmente 'flores').
1. m. Casualidad, caso fortuito.
2. m. Desgracia imprevista.
coincidir.
(De co- y el lat. incidere, caer en, acaecer).
1. intr. Dicho de una cosa: Convenir con otra, ser conforme con ella.
2. intr. Dicho de dos o más cosas: Ocurrir a un mismo tiempo, convenir en el modo, ocasión u otras circunstancias.
3. intr. Dicho de una cosa: Ajustarse con otra, confundirse con ella, ya por superposición, ya por otro medio cualquiera.
4. intr. Dicho de dos o más personas: Concurrir simultáneamente en un mismo lugar.
5. intr. Dicho de dos o más personas: Estar de acuerdo en una idea, opinión o parecer sobre algo.
Cuesta mucho trabajar los sábados. Decido que hoy me quedo en casa y mañana me levanto temprano y todo lo demás que uno decide en plena resaca moral. Porque mañana tendré que trabajar también. La novela de London avanza pero lentamente, sobre todo después de pasar todo el día de ayer dedicada en exclusiva al catálogo, intentando poner orden en un conjunto de pruebas, en un estudio de grafismo casualmente situado al lado de mi primera casa en Madrid. Y sobre todo también, después de pasar toda la noche de ayer dedicada en exclusiva a mi amiga Inés, que celebraba su recién obtenida plaza en un hospital de la capital, y a Rocío, que de vez en cuando paraba la conversación para exclamar: esto lo tienes que contar en el blog. Ya no recuerdo de lo que se trataba.
El vagabundo de las estrellas, al contrario de lo que Colmillo Blanco provocó en mí cuando era pequeña, no me está entusiasmando, pero he encontrado en ella pasajes sublimes que subrayaría si no corriese el peligro de que la novela se imprimiera después de esa manera. El futuro lector no tendría más remedio que adorar por narices párrafos previamente adorados por mí, que siempre me empeño en encontrar el surrealismo incluso donde no lo hay, y seguramente se quedaría prendado ante aquel en el que uno de los personajes, preso, explica al protagonista, preso también, cómo hacer para evitar el dolor de la tortura:
Lo que debes pensar y creer es que tu cuerpo es una cosa y tu espíritu otra. Tú
eres tú, y tu cuerpo algo sin importancia. Tu cuerpo no cuenta. Tú eres quien
manda y no necesitas tu cuerpo. Y una vez pienses y creas todo esto (...) has de
conseguir que tu cuerpo muera. Comienzas con los dedos de los pies, uno a uno.
Intentas que tus dedos mueran. Deseas que mueran. Y, si tienes fe y voluntad,
los dedos de tus pies morirán. Eso es lo más difícil, comenzar a morir.
"Comenzar a morir". Eso es difícil como trabajar los sábados con dolor de cabeza de la noche del viernes. Pero de lo que yo quería hablar hoy era de las casualidades. Busco la definición de rigor y encuentro sorprendida que tanto "casualidad" como "azar" van revestidos de una amarga connotación negativa. También para mi sorpresa descubro que "azar" significa literalmente "flores" y, poco después, mientras trabajo, que lo más difícil de morirse es empezar a hacerlo. Me temo que éste va a ser un sábado de descubrimientos inconexos.
Pero sigamos con las casualidades. Me voy entonces a "coincidir" y me entero de que se pueden coincidir cosas (en mis esquemas mentales de la lengua eso me habría resultado hasta la fecha imposible). Que es un poco como confundirlas con otras, pero no explica muy bien cómo. El diccionario matiza que las casualidades no pueden evitarse, pero yo me pregunto cómo va a evitarse algo que no existe hasta que sucede. Mientras la casualidad no se da, la casualidad no existe. O quizás se refieran los señores de la Real Academia a aquellas casualidades que se desarrollan paralelamente a nuestras acciones, y que sólo abandonan su estado latente cuando, con sorpresa, alguien o algo nos las destapa y asombrados exclamamos: ¡qué casualidad!
Supongo que es como cuando Inés y Rocío, se sientan a la mesa de El Comercial, las presento y descubren que la hermana de Rocío ha sido compañera de Inés en el hospital en Murcia. Todo este tiempo fraguándose una casualidad y el mundo girando sin saberlo.
Sin embargo, a mí me gustan más las casualidades instantáneas, del tipo de cuando, por ejemplo, llegas a la oficina y todo el mundo en el despacho ha elegido esa mañana ponerse un jersey del mismo color. O como cuando escoges un pasaje de un libro, un nombre y tres tonterías más para armar el comentario que después dejarás en la entrada de un blog que has leído, y el autor te contesta sorprendido algo así como que acabas de mencionar seguidos tres de los elementos principales de la historia que está escribiendo. También entrarían en este tipo de casualidades las del metro o las de llegar a un sitio justo cuando llega la próxima persona de la que te vas a enamorar: "el de las gafas es para mí", que le dijo mi madre a su amiga cuando vio entrar a mi padre en el bar en donde estaban.
Lo que me temo hoy, que es sábado y sin embargo llueve (como decía siempre "el de las gafas" aunque citando correctamente a Neira para hacernos reír y desarrollar en mí el sentido del absurdo), aunque sea perfecto porque yo tengo que quedarme en casa a tratar de corregir la novela de los personajes que aprenden a empezar a morirse, es que los señores de la RAE, cuando entran en los bares, en los metros, en las tiendas, cuando aterrizan en una ciudad nueva, lo hacen justo después de que las personas de las que se enamoraron y a las que ven menos de lo que quisieran, acaban de salir por la otra puerta, de bajarse en la estación anterior, de subir en el avión que en ese instante despega para dejar libre la pista de aterrizaje. Y esas casualidades inevitables, impredecibles e irremediablemente amargas son las que han terminado marcando el tono de la definición en la que ellos han decidido encerrar los términos.
Cierro esto contagiada yo también por la amargura del diccionario, porque en algún momento hay que cerrarlo, y yo tengo que trabajar, y es sábado y sin embargo no ha parado de llover. Y no vuelvo a lo de morirse en vida porque no sé qué tendría que ver con las casualidades, pero tal vez lo descubra al final del libro, y tal vez alguien llegue aquí un día y se lo haya leído y piense "qué coincidencia" y entonces todo, porque los señores de la RAE se olvidaron de añadir a su definición esa cualidad maravillosa de las casualidades, todo, cobre sentido.
3 comentarios:
Tiene Borges un extenso poema titulado "Casualidades", en el que se remonta casi al principio de los tiempos y va desenrrollando casualidades. Creo que finalizaba diciendo algo así:
"todo esto tuvo que ocurrir
para que tu y yo nos encontráramos".
Sesuda reflexión la tuya del sábado, y sin embargo mientras llovía.
Un abrazo y gracias por tu cariñoso comentario en mis 19 Dias.
Ah, he de decirte que compartimos adoración por Pedro Salinas. Como verás, mi blog lleva su título gracias a él.......
Esos versos que has citado "...estrellas que no ví, y que ella miraba..." los llevo grabados desde que los conocí.Con él tuve esa química incomprensible y no me sorprende nada que su alumna Katherine se enamorara de él. Y que él le dedicara La Voz a Ti Debida.
¿Casualidades?
¡Siempre Mery! casualidades, sí.
¿Verdad que es un poema maravilloso? Yo, ya te digo, adopté su antología como religión cuando me peleé con Dios el de la minúscula. De hecho me están entrando ganas de escribir sobre eso...
Creo que esto de los blogs funciona mucho por eso, porque volvemos a aquellos que nos gusta leer, por lo que sea, y que, al fin y al cabo, hemos encontrado por un azar entre dirigido y no...
Y gracias por la referencia de Borges, lo voy a buscar porque me suena de algo y me apetece leerlo. También está El cuaderno rojo de Auster, que trata sobre las casualidades, aunque no me fascinó, no estuvo de más leerlo. Como casi todo, en realidad. Qué tontería.
Me temo que hoy es uno de esos días en los que no voy a trabajar nada... ay...
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